Vacuna contra la influenza es obligatoria para los adultos mayores

  • Después de los 65 años, el sistema inmunológico responde más lento y por ende es más susceptible ante las enfermedades respiratorias.
  • En caso de enfermarse, se aconseja visitar a un médico, tener un estricto lavado de manos, conservar hidratado al adulto mayor en todo momento y evitar los cambios bruscos de temperatura.

Tras la llegada de la época lluviosa, es normal que aumenten los casos de enfermedades respiratorias. Hace pocas semanas, el Ministerio de Salud emitió una alerta sanitaria por el incremento de los virus respiratorios, en varias comunidades del país. Ante la situación, expertos recuerdan la importancia de vacunar contra la influenza a la población vulnerable, entre ellos, los adultos mayores.

Según datos del Ministerio de Salud, del 13 de enero al 16 de mayo, se reportaron 2.620 casos de afecciones respiratorias graves, de las cuales el 20% correspondían a influenza. Esta afección ha sido definida por la Organización Panamericana de la Salud, como una enfermedad respiratoria contagiosa causada por los virus de la gripe, que infectan la nariz, la garganta y los pulmones; puede ocasionar episodios desde leves hasta graves, los cuales a veces pueden ocasionar la muerte.

En los adultos mayores, el sistema inmunológico responde de una manera más lenta, condición que los hace más susceptibles ante las enfermedades respiratorias, por lo que es indispensable tomar todas las precauciones necesarias para evitar el contagio. La mejor manera de prevenir la influenza consiste en aplicarse la vacuna antigripal cada año, tanto para el adulto mayor, como para su entorno, incluido cuidadores; así como aumentar las medidas de higiene en el hogar; en un adulto mayor, una influenza puede complicarse y terminar en una neumonía, comprometiendo el sistema respiratorio de la persona”, asegura el Dr. Mario González Casafont, médico especialista en Geriatría y Gerontología.

Evelyn Barrientos, gerente de Enfermería en Verdeza, enfatiza en que los virus de influenza entran al cuerpo a través de las membranas mucosas de la nariz, los ojos o la boca. Para impedir el contagio, la especialista resalta además de la vacunación contra la enfermedad, evitar el contacto directo o cercano con personas que ya estén padeciendo influenza o gripe, así como aumentar las medidas de higiene comunes, entre ellas, lavarse las manos con agua y jabón con mayor frecuencia y considerar que, en caso de que no se tenga acceso a agua y jabón en algún momento del día, se debe utilizar limpiadores de manos a base de alcohol.

“En esta época lo ideal es evitar tocarse los ojos, la nariz o la boca, ya que los gérmenes a menudo se diseminan cuando una persona toca algo que está contaminado y luego se toca los ojos, la nariz o la boca. También, por ejemplo, algo que hacemos en Verdeza y que se puede replicar en casa, es aumentar las medidas de limpieza: desinfectar más veces al día las superficies de contacto más comunes en el Residencial, para mantener todo lo menos contaminado posible. Limpiar frecuentemente las manijas de las puertas, mesas, lavatorios y pasamanos, ayudan a evitar el contagio”, comenta Barrientos.

Otra de las recomendaciones de los especialistas es revisar que el adulto mayor esté cumpliendo con sus horarios de sueño, continuar con actividad física frecuente -en la medida de lo posible-, controlar el estrés, ingerir líquido y brindarle alimentos nutritivos, ricos en vitaminas y minerales. 

Diferenciar los síntomas. En caso de que los familiares o cuidadores detecten una enfermedad respiratoria en el adulto mayor, es recomendable llevarlo a su médico de cabecera para decidir el tratamiento a seguir. Antes de la cita, es vital reconocer si es una simple gripe o bien, sí se trata de influenza.

La gripe común se caracteriza por una fiebre no superior a los 38,5 grados de temperatura, el dolor de cuerpo es soportable y la tos es seca. En el caso de la influenza, la fiebre es superior a los 39 grados de temperatura, se sufre de un dolor intenso en el cuerpo y la garganta, además, la tos está acompañada de flemas.

Otras de las señales de alerta para acudir al médico en caso de una enfermedad respiratoria, son los cambios en el patrón de conciencia, variaciones en la presión arterial y estas personas, pueden sufrir delirios y desorientación y en el caso de los pacientes con algún grado de demencia, se pueden poner más agresivos de lo normal.

Una vez visitado el médico, los adultos mayores enfermos no se deben exponer a muchas personas, para no propagar el virus, así como evitar que otros miembros de la familia, incluidos los más pequeños, los visiten en esos días. Se debe mantener un estricto lavado de manos, utilizar alcohol en gel, tanto para el paciente como para los cuidadores o su familia cercana, conservar hidratado al adulto en todo momento y evitar los cambios bruscos de temperatura. En caso de que tenga fiebre, es recomendable colocar pañitos de agua fría en diferentes partes del cuerpo y no abrigarlos en exceso -aunque tengan frío-, con el fin de bajar la temperatura”, asevera González.

Alimentación ideal. Por su parte, la gerente de Enfermería en Verdeza, aconseja también que, además de tomar las medidas de prevención anteriormente mencionadas, no falten ciertos alimentos en la dieta del adulto mayor, los cuales cuidan su sistema inmunológico y potencian las defensas:

  • Cítricos: frutas como el limón o la naranja, al igual que las verduras de hoja verde como las espinacas, son ricas en Vitamina C.
  • Alimentos antioxidantes: la remolacha, el brócoli o la granada.
  • Huevos: contienen dos minerales esenciales para las defensas (zinc y el selenio).
  • Alimentos fermentados:las bacterias vivas que contienen son una fuente de probióticos, ayudan a potenciar el buen crecimiento de la flora bacteriana, produciendo efectos beneficiosos no sólo en el sistema digestivo, inmunitario y en el resto del organismo. En este grupo se encuentra el yogurt y el queso.
  • Alimentos ricos en vitaminas A, B y E: la zanahoria, la calabaza, legumbres, cereales, lácteos, pescados, aceite de oliva y en frutos secos.
  • Ajo, cebolla y jengibre.